El trabajo de Liberacion y Regulacion Emocional Amanae puede ser visto como un viaje hacia ese territorio íntimo que se esta: este cuerpo como casa, el país de nuestras emociones, el universo que somos.
Un territorio desconocido. A veces se vive en el cuerpo sin haber tenido realmente el tiempo o el espacio para escuchar sus sensaciones, sus memorias, sus impulsos, sus formas de protegerse y de expresarse.
El cuerpo es la puerta de entrada a ese mundo interior. El lugar desde el que puede explorarse lo que se siente, lo que se ha aprendido a contener y aquello que quizá está esperando ser reconocido.
El trabajo de Regulación Emocional Amanae no busca conducir a un destino determinado. No se trata de arreglar, cambiar o convertirse en alguien diferente. Se trata de encontrar un espacio en el que poder detenerse, escuchar y permitir que algo de ese mundo interno pueda aparecer.
Como cualquier viaje, este también tiene sus propios ritmos. Hay lugares conocidos y otros que se descubren por primera vez. Hay momentos de expansión y momentos de quietud, de pausa y contemplación. No se puede saber de antemano qué se encontrará, qué aparecerá o hacia dónde llevará el camino.
Y quizá esa sea parte de la riqueza de este viaje: no la idea de conocerse, sino la experiencia viva de encontrarse.
Descubrir la casa que se habita. Recorrer sus habitaciones. Reconocer sus paisajes. Acercarse a aquello que se ha dejado en algún rincón. Descubrir lugares que quizá nunca se habían visitado. Y, poco a poco, sentirse un poco más en casa dentro de sí.
Ítaca, entonces, no es necesariamente un lugar al que llegar. Es una invitación a emprender un viaje.
Un viaje hacia el cuerpo.
Un viaje hacia el interior.
El viaje infinito hacia nosotros mismos.
Itaca
Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.
Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.
Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.
Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.
C. P. Cavafi
24 - 08 -2026
